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Artículos, fotos, paisajes y personajes de Nerpio.
CUADRILLAS DE NERPIO, MÚSICAS DE TAIBILLA.
La música es una seña de identidad muy importante para cualquier comunidad con aprecio por su historia, Nerpio tiene un sonido propio que se ha ido moldeando a lo largo del tiempo, con diferentes matices dependiendo en la zona de Taibilla donde nos encontremos, algo que todavía hoy sigue ocurriendo, como podemos comprobar escuchando este disco y profundizando en su título. Coplas y melodías que despiertan en nuestra memoria gratos recuerdos de fiestas y bailes que nos han acompañado durante toda la vida.
Tenemos la fortuna de tener tres formaciones que siguen transmitiendo el legado que nos dejaron los viejos Aguilanderos de Nerpio y Pedro Andrés.
Hace unos veinte años (2.008) aproximadamente una década después (1.990/2.000) de que internet entrara de manera masiva en nuestras vidas con la expectativa de que comenzaba un nuevo tiempo de desarrollo y dos después (2.010) desde que las redes sociales nos confirmaran que “no era oro todo lo que relucía”, cuando comenzó la moda de los blog, El País tenía un suplemento (ciberpais) en el que se anunciaban; K@nerpio
https://karakolnerpio.blogspot.com
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El Bar y la
Discoteca de Variales fueron dos locales contiguos muy especiales en nuestra
adolescencia y juventud para los que pasamos allí muchos ratos y momentos íntimos.
Regentados ambos por Antonio García Nova y varios colaboradores entre
familiares y amigos a lo largo de más de cuatro décadas.
Antonio Variales siempre ha sido una persona especial, con su característico bigote desde muy joven, siempre a la moda con sus pantalones de pata ancha y camisas de cuello largo es el símbolo local de la estética mas icónica de los años setenta, amante de la velocidad con sus motos y diferentes coches a los que siempre gusto de pisar el acelerador, recuerdo un viaje a las fiestas de los caballos del vino con su pariente Enrique Eurrutia y un servidor, yo un par de lustros mas joven que ellos, en su Seat Ritmo a una velocidad de vértigo y llegar más mareado que una peonza a la ciudad de la Cruz.
En el Bar lo
mismo te mandaba a “hacer pijos” si le pedias alguna “chumina” cuando había
mucha gente y no daba abasto, que te cantaba un corrido mejicano con el corazón
vibrándole en el galillo cuando se encontraba a gusto y la compañía era de su
agrado, siempre ha sido así, genio y carácter, sin término medio.
A finales de
la década de los setenta cuando ya se hacían en el Bar de Variales algunas
bodas los críos mas traviesos de los barrios de abajo intentábamos colarnos, si
no estábamos invitados, para probar los bocadillos de chorizo “revilla” y las “fantas”
de naranja que muchos no podíamos degustar con frecuencia.
Una década después
en agosto del año ochenta y ocho la peña escorpión le pedimos prestado el nuevo
local que había construido al lado de la discoteca que todavía no había
inaugurado para hacer nuestra primera fiesta de presentación con las chicas ya
incorporadas, la llamamos la fiesta de las parejas, que organizamos los recién
licenciados ese año del servicio militar a los que nos “colocaron” como
bomberos ese verano, por las tardes en las siestas del reten en el Molino de
las Fuentes nos dedicamos a emparejarnos para pasar unas mejores fiestas, un
servidor pudo elegir haciendo alguna pequeña trampa a la chica que nos gustaba
a casi todos, no sé si fue porque se entero de quien le había tocado porque ese
año no vino para las fiestas.
Aquella
noche de la primera presentación de la peña al lado en la discoteca se produjo
una espectacular pelea en la que un compañero nuestro, futuro miembro de las
fuerzas de seguridad del estado, declino participar a pesar de tener algún
pariente implicado en la reyerta haciendo gala ya por aquellos tiempos del
carácter pacífico que siempre ha caracterizado a los escorpiones.
En el bar de
Variales había un futbolín que algunos sabían manipular para sacar las bolas
sin meter la moneda de cinco duros, con mucha maña porque si te pillaba ibas a
la calle, había también una diana con dardos donde apostaban la ronda de bebidas
y en alguna época también tuvo un billar.
En invierno se juntaban en el bar algunos amigos que trabajaban en la hostelería en Mallorca y pasaban los meses de paro en el pueblo, organizaban partidas de póker donde se jugaban el dinero, fumaban y bebían cubalibres con una delicadeza que parecían extranjeros, al acabar la partida se procedía a poner en el video la correspondiente película “equis” mientras en el ambiente reinaba un desasosiego entusiasta y subversivo con un sentimiento de culpa mirándonos de reojo mientras Antonio cerraba la puerta por si venia la guardia civil.
Por esa
época de final de los ochenta solía yo echarle una mano en la discoteca
pinchando discos, a pesar de mi juventud e ignorancia musical en aquellos años
se dejaba aconsejar, tenía un amplio repertorio de vinilos que traía con
ilusión de Caravaca algunos emblemáticos como “Morir en Primavera” de Loquillo
Y Los Trogloditas disco de 1.988 con canciones como El Rompeolas que a pesar de
reproducirlo cientos de veces misteriosamente nunca se rayó, como el single New
Year´s Day de U2 de 1.983 que Elena
Bódalo me pedía constantemente todas las noches de “aquel verano”.
En el Bar de
Variales las tapas también eran especiales, la panceta y la sepia a la plancha,
los panchitos, “minchirones” y sobre todo esas patatas fritas caseras más
gruesas de lo normal que estaban exquisitas y es que Tere Plasencia además de
buenas manos para las “permanentes” también las tiene para los aperitivos.
Fue también
uno de los primeros bares con terraza, aquella primera al lado de la carretera
con sus hiedras colgando era una delicia para tomar la cerveza los domingos en
verano.
Después de
haber escrito recuerdos de establecimientos comerciales de nuestro pueblo donde
se sirven bebidas alcohólicas y se baila como El Pub del Fonda, El Nogales o la
discoteca de Andrés quería cerrar esta “trilogía” con el Bar y la Discoteca de
Variales, era frecuente en aquellos primeros años de la década de los noventa
tomarse el café en el Fonda y después darse una vuelta de una discoteca a la
otra dependiendo del ambiente que había en cada una de ellas.
En la Discoteca
de Variales cuando te acercabas a la pista de baile si habías ingerido más de
la cuenta o simplemente ibas un poco despistado te adentrabas de forma abrupta por
que había un escalón traicionero donde más de uno vio las estrellas, como
cuando bailabas la lambada con alguna amiga que te gustaba dando vueltas de
felicidad como si estuvieras en la luna, cosas bonitas pasaron en aquel lugar… cosas
como que tocaron Los Insoportables una noche de verano, cosas como el primer beso
que una chica le dio por primera vez a un servidor, cosas que no se olvidan jamás.
Pedro
Serrano Gómez
01-05-26
Asturias si tú supieras…
el tiempo que soñé contigo
poemas de Ángel González…
gaitas que me blandieron.
El tío Vítor hablando francés…
la luna se asoma al puente
la tía Pura haciendo migas…
mirando mi bicicleta colgada.
En la pared de la habitación…
un viejo mapa del mundo
en la calle gruñe un marrano…
invierno tiempo de matanza.
El amigo de mi amigo dice que las tortas fritas del martes de reventón es lo único que queda del viejo carnaval, esta afirmación me llega un día después de que mi hermana me mandase un enlace sobre las tortas fritas el pasado martes de reventón preguntándome si me acordaba y claro me vinieron muchos recuerdos de esa época cuando éramos niños y mi madre las hacía y como las devorábamos hasta, como dice la tradición, "reventar".
Esa exclusividad de algunas comidas y postres caseros que se hacían en una época determinada y que ya seguramente no volvíamos a probar hasta el año siguiente con lo cual las pillabas con unas ganas que te hartabas.
Me pasaba también en la pascua sobre todo con los suspiros, mi madre que ya me conocía bien, tenía que esconderlos encima del armario de su habitación o en otros lugares que yo siempre descubría para comerlos con ansia y voracidad como si no existiera un mañana, por lo que la canasta llena de aquellos deliciosos dulces blancos jorobados con almendra estaba ya vacía cuando venían los reyes magos por el Macalón, comiendo morcilla y cagando morcón, a los que esperábamos con una espuerta de paja debajo de la chimenea.
El carnaval empezaba con las tortas fritas, los buñuelos y las barrigas de vieja, lo de los disfraces llegaba después. En Nerpio en los últimos cincuenta años siempre hubo tradición de disfrazarse, en aquellos años setenta y ochenta cuando éramos críos muchos con la cara tapada y con la cantinela "Que no me conoces, que no me conoces" dando algún que otro garrotazo por las calles, hasta los disfraces en grupos y con mucha participación como en los últimos años.
Recuerdo que la peña escorpión ganamos varios premios a principios de los años noventa cuando nos disfrazamos de trogloditas o de negros de la selva, cuando empezaron a organizarse y se hacía como ahora un pasacalles por todo el pueblo. Un año hasta representamos el viaje a Francia a la vendimia, con las maletas de madera, en un tractor simulando la llegada a Béziers mientras los patrones nos esperaban en la plaza para recoger cada uno a su cuadrilla. Otro año que nos disfrazamos mis amigos Gerardo, José Juan "El Rojete" y un servidor de “mejicanos” con unas jarapas, lo bien que lo pasamos aquel día y lo que nos reímos.
El año que mencionaba de los trogloditas llevábamos colgados los huesos de un caballo muerto y unas porras de plástico, cuando ya por la noche la cerveza y los cubalibres habían hecho el efecto pertinente nos golpeábamos con aquellos palos de goma en la cabeza con una fuerza que a veces caíamos al suelo entre risas y mareos.
El onírico sabor de las tortas fritas me han trasladado a estos recuerdos del carnaval al lugar donde, y sobre todo cuando, fuimos muy felices.
Pedro Serrano Gómez (2.025)